Hoy este rincón va a quedar chico. Aunque vos ya sabes que no hay lugar en el mundo para contener el sentimiento, la magia y la leyenda que te envuelve.
Sos como esos guerreros mitológicos, invencibles en el tiempo y en las circunstancias. Hablar de tus hazañas es llenarse la boca de gloria y sentir que el corazón vibra sobre los tablones del alma.
No, no te confundas; viajar en el tiempo de tu mano no es vivir de recuerdos, al contrario, es alimentar el fuego que no se extingue y no se apagara jamás.
Sentimiento insobornable, loca pasión que no conoce ímites. Tu sola mención pone la piel de gallina por que ninguna memoria propia o ajena a podido resistirte.
¿Cómo olvidar aquellos ríos de gente que corrían detrás del Expreso?, ¿Cómo ignorar aquellas tardes de clásico cuando por propio peso, por pura lógica de los números era toda tuya tribuna de calle 1 y toda la cabecera de 57 cada vez que había que ir a visitar a los amargos?.
Siempre fuiste más que nadie. Siempre fuiste el dueño de una ciudad donde la minoría pensó seriamente – en una asamblea allá por el "64", que luego se echo atrás por poquitos votos - dejar la práctica del Fútbol y convertirse en centro de fomento. Era demasiado peso, para ellos y para cualquiera.
En realidad siempre lo fuiste, aunque los tiempos hayan cambiado. Aunque el destino travieso haya podido levantar la Justicia y pincharle los ojos.
Tu historia, Gloriosa Hinchada de Gimnasia, es el relato de permanentes buenos tiempos, más allá de los resultados deportivos.
Por que naciste en la abundancia del trabajo y la esperanza.
Por que fueron aquellos, los obreros del Swift, del Armour de aquellas fábricas que destilaban prosperidad (la que sirve, no la que se conoce ahora, la de los que dicen que nadie hace plata laburando) los primeros en ocupar tu sueño.
Fueron aquellos tanos de corazón enorme los primeros que gritaron orgullosos, en su cocoliche, su nombre amado: "Quinashiá, Quinashiá".
Donde había un hombre de trabajo, había un tripero que es lo mismo que decir que donde había un hombre digno flotaba el aura de la pasión que despertaste.
Creciste en medio de la calle Nueva York, la de Berisso, cuando a la salida de los frigoríficos no quedaba un centímetro libre de vereda. Te paseaste por
Ensenada y te quedaste a vivir en todos los barrios. Invadiste una ciudad extraña, nacida como "Petit París" y la llenaste para siempre de ese sentimiento implacablemente criollo. Fuiste vos, y no otra la que
le dio miles de voluntades al 17 de octubre, en esa marcha que desde los arrabales cambió la historia. Y aunque los tiempos fueron cambiando siempre diste muestras de tu fuerza.
¿O acaso no eras vos el motivo por el que se suspendían las clases, allá por el '70 y pico cuando se jugaban los partidos lo miércoles de tarde?
¿Quien, sino vos, Gloriosa Hinchada de Gimnasia, le empezó a poner ruedas a la ciudad para llevársela entera a donde fuera necesario? Por eso, a veces, se me escapa una puteada cuando algún descerebrado con carnet de periodista usa la palabra "movilización" para describir el viaje de cuatro gatos locos.
Sos la raíz de un pueblo que no te olvidara jamás por que hasta compartiste con él las buenas y las malas. ¿ O no te acordas que fue siempre durante las
dictaduras el tiempo de las vacas gordas para "ellos" y el de la malaria para nosotros?. En el '67 con el siniestro Onganía en el '82 con el loco borracho que
mando a morir a los pibes en Malvinas.
En cambio nosotros festejamos en el '29 cuando el peludo Irigoyen gobernaba por un mandato del pueblo y no por capricho de una sarta de maniáticos. Acordate que no fuimos al descenso en el '79 en el medio de la locura de horror y sangre que haya conocido este pueblo y que volvimos bajo el sol de la democracia, en el '84.
¡Si hasta por los tiempos históricos somos diferentes!
Hoy, que las páginas en los diarios y el espacio en los otros medios esta lleno de gente, razonablemente preocupada, por la cuestión de lo que llaman Barra
Bravas. Hoy, que todo el mundo opina y condena, incluso muchos que en la puta vida pisaron un tablón ni sintieron como se retuerce el corazón ante la
camiseta amada, sos el mejor ejemplo de lo único que salvara a esta hermoso juegos que es el Fútbol.
Recorriendo tu vida- esos que opinan sin saber- pueden darse cuenta de lo que es una hinchada de verdad.
Por que vos siempre fuiste brava, sin barra; tu voz siempre fue imponente. Loca ruidosa, seguidora fiel, quilombera sí querés. Pero leal, franca, generosa, como aquellos obreros del Swift, como aquellos tantos Inmigrantes, como tu viejo, como tu abuelo.
Siempre diste miedo por los decibeles de tu grito, porque, se sabe, que una topadora no puede esconderse ni emboscar a nadie.
Habría que buscar en tus orígenes, en tu pasado reciente que rompe sismógrafos para darse cuenta de la diferencia. Por que ninguno de tus hinchas mas reconocidos ha sido un nene de pecho, pero ¡mira si hay diferencia entre los malandras que protagonizan esta historia absurda de barra-bravas y esos hinchas de corazón que te nutrieron con su locura!.
¡Mira si hay diferencia entre esos tarados asesinos y estos guapos de verdad que iban a cualquier parte con sus hijos, con sus mujeres, como el Loco Córdoba, Fidel, el Osito Lopéz Osornio, el Loco Tabbia, Chiquito Giorgi, el Pipi Pomares, el Lobo Arcuri, Tony Jesús, el Nene Caporale, Cebolla, Gatica, el Turco Gorguis o Moscowchuk y tantos otros que nunca le tuvieron miedo a ninguna hinchada.
Pero, sabes que pasa, ellos iban detrás de algo grande: tu bandera. Iban como vamos hoy, a soñar con ojos abiertos la alegría de ser triperos.
Hoy los tiempos han cambiado. Donde había fábricas hay villas. A los pobres les cambiaron el nombre, ahora se los llama marginales. Entonces se confunden los tantos.
Pero nada de eso impedirá que tu nombre figure aparte, en otro libro, en otra dimensión, cuando se pronuncie la palabra hinchada.
Por que vos sabes que siempre hubo y habrá una sola.
Néstor Basile (Tribuna Gimnasista)
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“Cuando la galerita del cajetilla Alvear reemplazó al peludo Irigoyen en la década del 20, cerquita del barrio Mondongo – que luego adoptó como propio – nacía en La Plata el multifacético hijo pródigo de la ciudad.
En la escuela 45, los pibes de un barrio “tripero” y por entonces proletario, se juntaban en el recreo y a la salida para competir en los juegos infantiles donde ganaba la habilidad, la destreza en el manejo de la puntería más lechera, del trompo más saltarín, del barrilete más sereno...
Pero la pasión de los pibes era el fútbol. En esos partidos de “rompe y raja” de barrio contra barrio René ya se anotaba para el Mondongo y desde entonces nadie supo que nació en la calle 5...
Dato raro, una perlita en la pereza de los movileros del chisme que nunca se ocuparon por develar.
¿A qué se debe esta inocente traición posiblemente la única que cometió el ilustre argentino?
Es explicable. El Mondongo era Gimnasia, un sinónimo obligado. Entre sus anécdotas, cuenta el médico gaucho que “jugar barrio contra barrio era fácil, o cuadra contra cuadra... difícil en cambio resultaba jugar un clásico, porque entonces todos los pibes de todos los barrios se ponían la de Gimnasia, la mayoría nuestra era abrumadora. Para hacer un partido así, los triperos teníamos dos o tres equipos completos y ellos dos o tres pibes, así que les prestábamos tres o cuatro maletas y los goleábamos siempre”. Su tránsito por la facultad de Medicina, antes de recalar en la biblioteca Euforión para fagocitar los libros que el presupuesto familiar le impedía comprar, tenía una tregua obligada: El estadio del bosque para ver los entrenamientos, refugiados entre los eucaliptos, respirando aire puro bien tripero, ante de sumergirse en la lectura sin final.
Abordar su biografía profesional, destacar su labor en el interior del país, su perfeccionamiento en Estados Unidos y su regreso triunfal a la patria que amó con pasión – igual que a Gimnasia – con la pechera cargada de medallas que nunca lo marearon, es una tarea inútil por reiterada.
Difícil, en cambio, es explicar el tiro del final, el coraje del suicidio después de golpear todas las puertas de la burocracia y la corrupción de un sistema que nunca lo pudo doblegar, ni siquiera en el adiós final, a su manera, dando todo por los demás. Jamás eludió el compromiso social, esa deuda universal que tiene el mismo sistema que lo “mató” como a varios miles de millones de los suyos. Su tarea en el campo, como cardiocirujano o en la fundación, siempre tuvo un destinatario excluyente: el hombre común. Ese oscuro personaje, como le gustaba decir al inigualable Osvaldo Ardizzone, “que no dispone siquiera del derecho a que le escuchen y le atiendan su opinión.”
Se ha dicho que todo gran estilo tiene continuadores y no lo creo, pienso que Favaloro es irreproducible, aún admitiendo la aparición de alguien que lo supere en la técnica del by pass. Imposible, igualar el plus de su humanidad y de su polifacética personalidad. Las horas que vivimos no son caldo de cultivo para la emulación, nos urge la frivolidad, los espacios económicos nos conducen al desastre social, ya no hay tiempo para embellecer la relación del médico y el paciente, “gran hermano” es “el rayo” de la cultura, el tango se transformó en gimnasia aeróbica y el fútbol parece ser un negocio guarango para faenar pibes, con el aval de los padres, que los entregan como esclavos a representantes antropófagos. Es bueno entonces, para aguantar tanta mugre, con un cachito de esperanza, recordar a este arquetipo tripero ¿Es que en realidad hubo algo que no haya sido el maestro en su tránsito apasionado por todos los fenómenos populares?: Conferenciante, escritor, filósofo y aún sin proponérselo predicador y moralista. Le bastó ser de Gimnasia y la breve dimensión de una pelota de fútbol para penetrar en los infinitos recovecos del alma humana.
Observo su retrato abrazando con amor la camiseta albiazul y descubro en su rostro misericordioso, en sus ojos compasivos, su historia, su geografía y el mensaje de su corazón esclarecido.
Gimnasia y el retazo que nos queda de humanidad lo han escogido como heredero para susurrarnos en el oído el porqué de su queja, el eco trágico de su final, y también un grito de dignidad, el gol tripero de la justicia, y una postal para que mis nenas, Malena, Marilyn y todos los pibes del mundo tengan mañana el espejo, la caricia, el sueño de un mundo mejor.
Néstor Alberto Basile
Compartir Dedicado a Néstor Basile
PARA MI HERMANO DEL ALMA
MILAGRO Y RELIGIÓN
Milagro y religión.. Loada seas
hinchada incomprendida y maltratada,
patrona del tablón y la platea.
No hace a la cosa desde dónde cantas.
¡No hay lugar en el mundo que consiga
contener tu pasión encaramada!
La leyenda y la magia que te envuelve
te ennoblece en el tiempo y la distancia.
Tu corazón rebota en los tablones
azules y enigmáticos del alma.
Naciste en la abundancia del trabajo,
de la prosperidad y la templanza;
los obreros del Swif, los de YPF,
los de todas las fábricas
llenaron con sus sueños tu aposento:
invencible laurel de dos espadas.
Tanos de corazón, a media lengua,
con su "¡Gimnasia vive!" en sus gargantas.
Pues si un tripero había, había un hombre
flameando hacia los cielos su esperanza.
Mondongo, Nueva York, barrios modestos,
de criollo sentimiento tu Ensenada,
1887, rey Patricio.
Plebeyo ya en el ´15, hasta la entraña.
Por propia decisión te hiciste reo,
no hay en el mundo igual otra enseñanza:
pobreza e ilusión, penuria y gloria,
extraña sensación, sonrisa y lágrima...
¿Te quedaste sin Bosque?... ¡El Bosque es tuyo!
Toda traición se paga.
Le pusiste a La Plata cuatro ruedas
para llevarla por las calles... ¡Anda!
Que por siempre serás la Loba hambrienta,
ruidosa, fiel, genuina, alegre y brava!
No sabés de abandonos ni traiciones,
Gloriosa 22... ¡Heroica y franca!
Las fábricas cambiaron por las villas,
los pobres son ahora de otra laya,
pero vos sos LA HINCHADA de por vida,
nadie trastocará tu ardiente llama.
Dura lección reciente... No es tu culpa.
Bien lo sabes que no... Vendrá un mañana
en donde el sol alumbre tu camino
y no te dé la espalda.
Por tu fuerza moral que no conoce
de quebrantos, infamias ni agachadas,
hay un Pueblo esperando por tu aullido
para ocupar LA CASA más amada.
Yo soy tu Centinela inalterable...
¡Dios te bendiga Hinchada de Gimnasia!
Eduardo Berisa
Inspirado en un artículo de Néstor Basile publicado en la Edición Especial de "60 y 118",
La Casa del Pueblo Tripero, titulado "Gimnasia es un milagro y una religión"
¡Gracias por todo lo que nos diste, querido Néstor!
